miércoles, 30 de junio de 2010

He dejado de quererte

-He dejado de quererte.
-¿Desde cuándo?
-Desde ahora, hace un rato.
Alice Ayres y Dan Woolf en Closer, 2004
Para mí fue un jarrazo de agua fría. Yo pensaba que él tenía miedo al compromiso, que se aferraba a su soltería, pero que al fin y al cabo su relación conmigo había sido la única estable y duradera de su vida, y eso tenía que significar algo. Por eso, cuando después de tres años de total devoción hacia su persona me dijo por teléfono que tenía la sensación de seguir conmigo por inercia, porque estaba bien conmigo y ya está, pero que no estaba seguro de querer comprometerse conmigo y no quería "tenerme entretenida", me dejó helada.

Pasé por cientos de estados en pocos días: la incredulidad, la desesperación, el mendigar su amor, los reproches, el miedo. Al cabo de unos días me puse a repasar mentalmente mi historia y por primera vez se me pasó por la cabeza: no ha pasado nada, no se ha estropeado en ningún momento, simplemente él nunca me quiso de verdad.

Pero una cosa es pensar y otra asumir. Así que seguí deleitándome en ese le doleur exquise, comprendiendo mejor que nunca los versos de Pedro Salinas: "No quiero que te vayas / dolor, última forma / de amar". Recordaba aquellos mensajes que me mandó por el móvil, aquel beso apasionado bajo la lluvia en Francia, aquel poema que me susurró al oído a la orilla del río, tantas veces que me dijo "cariño, somos un equipo", aquel primer beso que me hizo estremecer, aquel último beso que fue cotidiano porque yo no sabía que sería el último.

Y así fueron pasando los días, en el dolor más desgarrador que he pasado jamás, el dolor no del corazón roto, sino de los proyectos rotos, los sueños rotos, las esperanzas hechas añicos, y la vergüenza de haber sido tan tonta como para no leer tres años de señales de que jamás me ha querido.

Y al día 27 de mi dolor, me llegó por correo aquel libro. Cómo desenamorarse, de mi amigo Víctor Encinas. Me animé a leerlo por dos razones, la primera "no puedo estar peor de lo que estoy" y la segunda "está escrito con sentido del humor, si consigue hacerme reír ya merece la pena". Empecé a sonreír en la página 14, quitándome un enorme peso de encima: me estaba riendo de mi misma, la completa idiota que se veía retratada en esas páginas.

El libro lo leí en pocas horas, aquella tarde estaba terminado. Y lo cerré con la seguridad de haber ganado perspectiva. Sobre la mesa tenía un cuaderno con algunas notas que tomé durante la lectura. Cinco pasos, únicamente cinco pasos para dejar de sufrir. ¿Sería de verdad tan fácil? Me recosté en el sofá y, mientras entraba en una especie de ensoñación, me empeñé en practicar, por primera vez, uno de los pasos que Víctor proponía en su libro. Después lloré unos minutos, y me quedé profundamente dormida.

Aquella noche mantuve una conversación con una amiga, y al cabo de un rato ella empezó a hablarme de él, de sus últimas noticias. Y por primera vez no me dolió, sentí alivio. "¿Sabes?", le dije a mi amiga, "creo que he empezado a dejar de quererle".

4 comentarios:

  1. Me ha encantado leerte, me pasaré por ésta tu casa si te parece bien, vengo casi de la mano de Vítor todo por pura casualidad, es que tengo mucha suerte,llegó a bonitos lugares como éste, pero también tengo días rojos, gracias por poner palabras a los sentimientos, ojalá yo supiera.Por todo ello gracias por compartir tus pensamientos con los demás, es un acto de generosidad enorme. Sí, decididamente me pasaré por aquí.
    Que el humor, el buen humor no nos falte es tanto medicina curativa como preventiva.
    Un saludo y un hasta pronto. Ritamalone

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  2. @Ritamalone: fíjate la suerte que tenemos las dos, que Víctor te ha guiado hasta mí y yo he tenido el placer de recibirte aquí. Me has dejado muchos comentarios en un ratito, y me encantaría seguir leyéndote, porque me has parecido una persona muy interesante.

    Un beso muy fuerte, y, mientras no encontremos otro remedio, a combatir los días rojos con la medicina del buen humor.

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  3. Me voy a leer ese libro... yo digo q ya estoy desenamorada, pero más vale prevenir que lamentar.

    Cuando duele más el orgullo y la vergüenza, significa que él no era para tí, debes alegrarte pq se han abierto nuevos horizontes!

    Saludos!

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  4. @Cuetzpallin: Pues el libro te lo recomiendo de veras, aunque espero que nunca lo necesites de veras. Lo escribió un buen amigo que es psicólogo y lo mejor que tiene es que dice las cosas sin tapujos y con mucho sentido del humor.

    Y el corazón también dolió, pero sobre todo, he de admitirlo, lo que dolió fue el sentirme tonta y un poco utilizada...

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Si me dices algo, tal vez conviertas mi día rojo en un día de color rosa...