lunes, 30 de agosto de 2010

Estoy enamorado de ti

-Holly, estoy enamorado de ti.
-¿Y qué?
-¿Cómo que y qué? ¡Qué preguntas haces! Te quiero y me perteneces.
-No. La personas no pertenecen a nadie.
-Claro que sí.
-No dejaré que nadie me ponga en una jaula.
-Yo no quiero ponerte en una jaula, solo quiero quererte.
-¡Es lo mismo!
-No, no lo es. Holly...
-No soy Holly, ni siquiera Lulla Mae. No sé quién soy. Soy como este gato. Somos un par de infelices sin nombre. No pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro.
Paul Varjak y Holly Golightly
en
Desayuno con diamantes, 1961.
Es desconcertante. He visto Desayuno con diamantes miles, millones de veces, y siempre me he emocionado con esta escena y con el magnífico monólogo de Paul Varjak que viene a continuación. Y siempre me he identificado con el pobre Paul Varjak, enamorado de una mujer asustada y un poco inconsciente como Holly Golightly.

Siempre he llevado las riendas en mis relaciones, siempre he tenido que forzar un ritmo detenido para seguir adelante. Luchar contra los miedos del otro. No estoy acostumbrada a que me correspondan.

Por eso, cuando esta mañana, horas antes de que se cumplan dos semanas desde que nos vimos por primera vez, me ha dicho que está enamorado, me he sentido sobrecogida, sorprendida y asustada a partes iguales. Dos semanas, y tan solo una viéndonos a solas. Y está enamorado. De mí, a quien nunca han amado de verdad.

Es curioso, al observar esta escena siempre me identifiqué con Paul Varjak y nunca me imaginé que acabaría siendo Holly Gilligtly, un pajarillo asustado. He amado mucho, y me han roto el corazón, y nunca me han correspondido. Lo llamaban amor, y era comodidad (uno) o interés (el otro). Y por eso me asusta tanto que hoy, llena de cicatrices, me hablen de amor. Tengo miedo de que vuelvan a herirme. Y sobre todo tengo miedo porque poco a poco, segundo a segundo, él va llenando mi vida, mi rutina, mi pensamiento. Despacio pero segura, me estoy enamorando. Y temo ser una ilusa cuando le miro a los ojos y siento que algo en mi interior me dice que esta vez, por fin, es de verdad.

viernes, 27 de agosto de 2010

Me vi reflejada en ti

-¿Cómo sabías que respondería como lo he hecho?
-Me vi reflejado en ti.
Elisabeth y John en 9 semanas y 1/2 (1986)

Él lleva varios días intentando encontrar una palabra que me defina. Yo, esta mañana, he encontrado la palabra que define cómo lo veo yo a él.

Magnetismo. Es lo único que siento cuando estoy cerca de él. Magnetismo a todos los niveles.

El más evidente es, por supuesto, el sexual. No puedo dejar de mirarle, de tocarle, de besarle. Le deseo cuando está lejos y me mata la impaciencia cuando está cerca. Me estremecen sus caricias. Y en un par de ocasiones he llegado a perder la conciencia de mí misma, solo por una milésima de segundo. No voy a caer en la exageración romántica, ni mucho menos. Una de mis exparejas era un amante estupendo. Pero lo que de verdad me da miedo es que en tan solo un par de días él haya superado no solo todo lo que conozco, sino las expectativas que alguna vez haya podido tener.

Si esto fuera todo, la verdad es que me recordaría muchísimo a la relación de los personajes de 9 semanas y 1/2. Esa atracción imparable que siente Elisabeth hacia John, la sensación de haber perdido su voluntad. "Creo que me han hipnotizado", dice en una ocasión.

Pero hay otros niveles. Hay un magnetismo intelectual, también. Si bien hay muchísima gente que sabe más que yo en la mayoría de los temas que me interesan, lo cierto es que en la vida real me cuesta mucho encontrar a alguien, cuando menos, semejante. Son demasiadas las personas que considero interesantes e inmediatamente me matan con un "yo es que no he visto Casablanca", para añadir un tajante "es que no me gustan las películas en blanco y negro". Personas que no han leído un libro en su vida, o al menos en los últimos 3 años. Por eso me fascina encontrar a alguien que me habla de películas que yo no he visto, o a quien puedo hablar sin sentirme una pedante del empleo subjetivo de la cámara en La senda tenebrosa o la metáfora de los tipos de filtros de luz en Deliciosa Martha.

Y el magnetismo en la personalidad. El sentir que entiende la vida de una forma parecida a como la entiendo yo. O escuchar anécdotas que cuenta, tan diferentes a las de mi propia vida, pero sentir que en el fondo, nuestras vidas son dos metáforas acerca de la misma idea. Me dan ganas de decirle: "siéntate aquí, cuéntamelo todo, desde tu primer recuerdo hasta hoy". No me canso de escucharle.

Por último, me fascina su sentido del humor. Sencillo, sin pretensiones. Directo. Inteligentísimo. Me hace reír, pero esta risa que sale desde dentro. Natural. Una risa que fluye. Sincera.

Él lleva varios días intentando encontrar una palabra que me defina. Y hemos pactado, de momento, no buscar una palabra que nos defina a ambos, que defina lo que estamos viviendo. Pero tengo vértigo, por la sensación de haberme visto reflejada en él. De no comprender ese poder magnético, desde el primer momento, que ha tenido en mí el que es casi un desconocido. De añorarle tanto conociéndole tan poco. Tengo miedo.

martes, 24 de agosto de 2010

Vaya a por él

Usted no tiene los huesos de cristal, puede soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad, con el tiempo su corazón se irá volviendo seco y frágil como mi esqueleto. ¿A qué espera? Ande, vaya a por él.
El señor Raymond en Amélie (2001)
A veces es necesario correr riesgos, aunque temamos hacernos daño, aunque estemos asustados. Llevo unos días un poco paralizada, sobre todo por la sorpresa. He conocido a alguien y... no lo esperaba tan pronto ni tan rápido. Apenas lo conozco, pero me gusta. Mucho. Estoy ilusionada y asustada a partes iguales. Pero no pienso dejar que el miedo me seque el corazón. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

jueves, 19 de agosto de 2010

¿Te casarás conmigo?

-Te casarás conmigo, ¿no?
-No lo sé.
-¿Pero puede ser?
-Puede ser.
-¿De verdad? ¿Te casarías conmigo?
-Sí.
-Cuándo?
-No sé.
-¿Qué te parece mañana? Lo creerán precipitado, pero...
-No lo sé, no sé qué es lo que me pasa...
-Estás indecisa, ¿verdad? Pues no debes estarlo, nos casaremos.
-No podremos hacerlo.
-Sí podremos.
Ben Braddock y Elaine Robinson en El graduado (1967)
He visto El graduado varias veces, y confieso que las primeras me quedaba con la sensación de no haberla entendido del todo. Hace un par de meses vi otra película en que culpaban al protagonista de ser un romántico por la influencia de haber escuchado demasiado pop británico y una mala interpretación de El graduado. Esa idea me ha tenido pensando una buena temporada.

Creo que esa mala interpretación es precisamente la que hace Ben. La película acaba cuando otra historia comienza, la historia de Ben y Elaine. No sabemos si Elaine anula su matrimonio, si se casa con Ben, si son felices, si sus familias alguna vez les perdonan por el escándalo. La película tiene un final en apariencia feliz que precisamente por eso me parece líricamente trágico.

Ben ha sufrido una transformación. Al principio de la película se siente vacío, poco después manipulado (maravillosa la escena en que sus padres lo convierten en un objeto al obligarlo a aparecer ante todos sus conocidos como aquel buzo del acuario en su habitación. Y su vía de escape para esto es el sexo, el morbo, la traición consciente a los valores tradicionales. Pero entonces llega el amor, inesperado, y transforma a Ben. Pero nuestro Ben adopta esa actitud inocente, un poco naif. Comete el error de que el amor vence todas las barreras. De que la insistencia y la fuerza de voluntad son premiadas.

Desgraciadamente, el amor no funciona así. No es insistencia, no es voluntad, ni siquiera es lo que tradicionalmente conocemos como romanticismo. Mi problema es que creo en el amor, pero, pese a que tengo muy claro lo que no es, aún no me siento capaz de definir lo que es. Tal vez tendría que volver a reinterpretar El graduado.

viernes, 13 de agosto de 2010

¿Nos conocemos?

-Nos conocemos?
-¿Por qué habíamos de conocernos?
-No sé, me lo ha parecido.
-Conozco ya a muchísimas personas. Hasta que haya bajas no me queda lugar para nuevas amistades.
-En cuanto uno de sus amigos muera, avíseme.
Peter Joshua y Regina Lampert en Charada (1963)

Envidio la seguridad y la firmeza de Reggie Lampert en esta escena de Charada, alejando de su vida al que en principio le parece un moscón. Me sorprende esa suficiencia inicial, aunque sinceramente según avanza la película te das cuenta de que Reggie Lampert es una mujer que está casi completamente sola.

Eso es lo que me sucede a mí. Sé que es una elección que yo misma tomé, pero me volqué en una relación con alguien que no solo vivía en una ciudad diferente, sino también diferente a la de sus padres. Eso se traducía en salir todos los fines de semana que me era posible, en pasar las navidades, la Semana Santa, los veranos en casa de su familia... Dejé de viajar porque todo mi presupuesto se destinaba a ir a verle, dejé de ver a amigos porque apenas estaba en mi ciudad, abandoné muchos de mis hobbies porque no tenía tiempo... Yo creía que merecía la pena, pero ahora me veo casi completamente sola.

Pero no es tan fácil hacerse con un círculo de amistades. Especialmente con los hombres. Ya lo he dicho, temo que se confunda el interés por una persona con el interés (amoroso) por un hombre. Que también espero que llegue, por supuesto, pero de momento no ha pasado. Y no quiero tener que rechazar ofertas de ir a tomar algo por miedo a que el interés sea otro, me apetece demasiado conocer gente nueva como para dejarme llevar por ese miedo.

Así que, de momento, no es necesario que haya bajas para admitir a nuevas amistades. A ver si hay algún Cary Grant disponible...

lunes, 9 de agosto de 2010

Preciosa

-Deberías ver tu cara.
-¿Qué le pasa a mi cara?
-Que es preciosa.
Peter Joshua y Reggie Lampert en Charada (1963)

Me ponen muy nerviosa los piropos, sean esperados o inesperados, deseados o indiferentes. Me aturden. Me quedo petrificada. No sé reaccionar.

Soy muy femenina, me gusta arreglarme, ponerme un vestido bonito y unos altos zapatos de tacón. Y como es normal, me gusta que se fijen en eso. Que alaben mi aspecto, que se fijen en el vestido, que digan algo de mis ojos verdes.

Pero no sé reaccionar. Suelo responder al piropo con una sonrisa tímida, tal vez un "gracias".

Tengo 30 años y no sé cómo responder a un piropo. Especialmente si me agrada. A veces me pregunto cómo voy a conseguir alguna vez una cita si no sé ni responder a un piropo.

domingo, 8 de agosto de 2010

Si me acuesto con usted...

¿Le importa si me acuesto con usted un ratito? No se preocupe, se lo aseguro... Somos amigos, eso es todo.
Holly Golightly en Desayuno con diamantes (1961)
Esto de la atracción es terrible, sobre todo porque a menudo no es mutua. Hace poco que ha entrado un nuevo amigo en mi vida, y me encanta. Tenemos mucho de lo que hablar, tomamos unas copas, reímos juntos.

El único problema es que no sé qué es lo que busca, pero sé que se siente atraído por mí. Y a mí él me encanta, me parece muy buena persona, simpático, educado, agradable... pero desgraciadamente no me atrae en absoluto. No es cuestión de físico, en absoluto, aunque sería cínico negar que es relativamente importante, yo no suelo de ser de atracciones a primera vista, sino más bien a tercera o cuarta, y lo que me conquistan son las conversaciones. Conversaciones las tenemos, y bastante buenas. Pero no hay química, no me atrae.

Esa situación me cohíbe un poco, tengo que admitirlo. Él es tímido, y me enternecen sus torpes flirteos. Pero tengo que andar con mucho cuidado para que no dé por hecho que es correspondido. Me apetece pasar tiempo con él, pero solo como amigos. Y  en la vida real eso no es tan fácil como en las películas. En la vida real hay malos entendidos, situaciones incómodas y amistades que pueden romperse por un rechazo amoroso.

¿Creéis que es posible que un hombre y una mujer sean amigos, solo amigos?

jueves, 5 de agosto de 2010

Lo que no supe seguro contigo

-Solo me levanté un día y lo supe.
-¿El qué?
-Lo que no supe seguro contigo.
Summer Field y Tom Hansen en 500 días juntos (2009)
Hay creyentes e incrédulos, en esto del amor.

Estamos los que creemos en el amor y su poder de colorearlo todo. En que el amor puede cambiar nuestra vida. Y en que sin esa sensación nuestra existencia es mucho menos interesante.

También están los que no creen, en mayor o en menor medida. Los hay que consideran la pareja igual que una inversión en bolsa, hablan de compatibilidades y estudian las costumbres comunes. Los hay que no desean una relación, porque valoran mucho más su independencia. Los hay que tienen demasiado miedo a resultar dañados como para arriesgarse a vivirlo.

No sé si es por influencia del pop británico, por las muchas películas que he visto o, simplemente, porque en el amor la fe sigue siendo creer sin necesitar un motivo, sin causa aparente. Pero yo creo que en el fondo los no creyentes, simplemente, son los que no han vivido el electrizante golpetazo del amor. Que, si se encuentran con la persona adecuada, un día se levantan con una certeza, de pronto saben lo que nunca supieron con las otras personas que se cruzaron en su vida.

Estoy deseando que me encuentres. Y que sepas conmigo lo que no supiste seguro con todas las demás.

martes, 3 de agosto de 2010

Víctimas y aprovechados

-Soy de esas personas quen no saben decir no. No me refiero a las chicas, me refiero a...
-A las personas como el señor Sheldrake.
-Sí, eso es.
-Ya comprendo. Usted es una víctima.
-¿Una qué?
-Hay víctimas y aprovechados. Es el sino de cada cual, y no tiene remedio.
Buddy Baxter y Fran Kubelik en El apartamento (1960)
Si hay víctimas y aprovechados, si así se divide el mundo, eso me convierte en una víctima. Y no me gusta.

Soy una persona incapaz de decir no, y lo que es peor, incapaz de pedir algo, por pequeño que sea. Si puedo hacer algo por una persona a la que quiero lo hago con muchísimo gusto, pero pasado un tiempo tiendo a sorprenderme cuando descubro que la relación está completamente desbalanceada. Yo tengo mi parte de culpa, como digo lo doy todo sin negarme a nada y nunca pido lo que necesito (tal vez porque lo que más necesito es que se interesen por hacer algo por mí sin que yo tenga que pedirlo).

No me gusta sentirme una víctima, sentir que se han aprovechado de mí. Pero tampoco me siento una persona capaz de llevar una contabilidad emocional, me gusta entregarme sin límites, y tal vez soy demasiado idealista pero aún tengo la esperanza de toparme con alguien que comparta esa filosofía.

Lo que de verdad me apena es que, cuando me conciencio de que debo aprender a decir "no" en algunas ocasiones, cuando por fin lo llevo a la práctica, me encuentro con grandes sorpresas. Me encuentro con el rechazo. Y me siento como Buddy Baxter, a quien solo adulaban para conseguir unas horas en su precioso apartamento de soltero. Me siento utilizada.

No quiero dejar de ser yo misma, no quiero dejar que las decepciones pasadas acaben con mi esencia: soy una persona que se entrega y ese es uno de mis mejores valores. Pero tengo miedo, un miedo insoportable, basado en estas experiencias. Un miedo que espero poder superar. El miedo a que me quieran por lo que doy, en vez de por lo que soy.

lunes, 2 de agosto de 2010

De vuelta

-Volveré.
El terminator en Terminator II: el juicio final (1991).

Ha pasado algún tiempo desde el último post, casi un mes. Necesitaba unas vacaciones de todo, pero sobre todo de pensar. Soy una persona que todo lo reflexiona, todo lo medita, y eso puede llegar a ser agotador, sobre todo cuando se está viviendo una etapa de tantos cambios como esta por la que yo atravieso ahora.

Por eso, me he dedicado durante algunas semanas simplemente a vivir. A intentar confiar en mis impulsos más que en la razón, que tantas veces me ha fallado. Y he hecho lo que he necesitado de verdad: leer novelas, tumbarme al sol, reencontrarme con viejos amigos.

Pero nunca he querido abandonar este blog que con tanto cariño creé. Así que aquí estoy esta noche, con la promesa de volver mañana mismo con una nueva película, una nueva reflexión.