jueves, 9 de septiembre de 2010

La cabeza siempre pierde

Cuando la cabeza te dice una cosa y toda tu vida dice la otra, la cabeza siempre pierde.
Frank McCloud en Cayo Largo (1948)
Demasiado rápido. ¿Qué velocidad es demasiado rápido en el amor?

¿Cuál es el momento adecuado para cada cosa? ¿Cuánto has de esperar para dar el primer beso, para invitar a alguien a quedarse a dormir y a desayunar, para decir "te quiero" por primera vez? ¿Existe un límite de velocidad que no se debe sobrepasar?

Comprendo que cualquiera puede pensar de nuestra relación que vamos demasiado rápido. Es más, supongo que si no se tratara de mí misma yo también lo pensaría. Pero en cierto sentido me siento como Frank McCloud en Cayo Largo. Tengo perfectamente claro en mi cabeza que esta observación es sensata, sin duda. Igual que él tenía claro que lo más sensato era huir, no arriesgar su vida.

Pero cuando la cabeza te dice una cosa y toda tu vida dice la otra, la cabeza siempre pierde. Tengo la sensación, como McCloud, de que toda mi vida ha sido un largo camino hacia este momento, que las experiencias pasadas son las que me han curtido para vivir esto. Tengo la sensación de conocerle desde siempre, un extraño sentimiento de intimidad, de cotidianidad.

¿Por qué, por qué no va a ser sensato amarle, dejarme querer, vivir esta historia sorprendente y mágica al ritmo de los corazones en lugar de al de los relojes?

La cabeza pierde. Aunque algunos sí lo piensen, para mí el amor es incompatible con la medición y las matemáticas, con la estadística y la planificación. Toda mi vida dice "adelante". ¿Quién soy yo para llevarle la contraria?